Cuando el uso de la inteligencia artificial comenzó a ganar terreno en nuestras rutinas profesionales, escuchamos promesas intrigantes. La expectativa era simple: automatizar tareas, reducir errores, acelerar las rutinas y devolver a los trabajadores tiempo valioso. Parecía que, finalmente, tendríamos un respiro en nuestros horarios. Pero en la práctica, la ecuación no resultó como se esperaba.
Quienes trabajan con IA ganan tiempo, pero rara vez ganan tiempo libre.
En Good Morning, America!, hemos seguido de cerca esta transición, escuchando a profesionales de diversos campos y estudiando las consecuencias de esta adopción acelerada de algoritmos. La pregunta que no desaparece es: ¿por qué el tiempo ahorrado por la inteligencia artificial nunca se convierte realmente en descanso?
El auge de la IA y la antigua promesa del tiempo libre
Hoy, hablar de tecnología en el entorno corporativo significa hablar de IA. Una amplia encuesta publicada por Ipsos encargada por Google muestra que el 71% de los brasileños conectados usan principalmente IA en el trabajo y en procesos de aprendizaje, superando el promedio global. Esto solo refuerza cómo el uso profesional de estas herramientas se está acelerando, especialmente en las Américas.
En Brasil, las industrias han visto un aumento de más del 160% en el uso de inteligencia artificial en los últimos dos años, alcanzando casi la mitad del sector manufacturero, según datos de la Encuesta Semestral de Innovación del IBGE (2024). Mientras tanto, Datafolha revela que siete de cada diez trabajadores brasileños recurren a la IA para actividades laborales, mientras que el 93% ya utiliza alguna herramienta basada en tecnología en su vida diaria (Datafolha/Fundación Itaú).
Otras cifras también destacan: una encuesta reciente de AI Resume Builder (septiembre de 2025) señaló que el 24% de las empresas ya requieren el uso diario de IA en todas las funciones, no solo en sectores tecnológicos. Según datos de Workday, el 85% de los profesionales dice ahorrar entre una y siete horas por semana usando IA.
Sin embargo, la misma encuesta muestra que aproximadamente el 40% de ese tiempo se pierde en ajustes, revisiones y correcciones de lo que producen las máquinas. La eficiencia prometida encuentra un “rebote” silencioso, ya que surgen nuevas tareas tan rápido como ganamos minutos (u horas) extra durante la semana.
Mitos y encrucijadas del tiempo ahorrado
Nos llevan a pensar que al automatizar pasos repetitivos, nuestra carga de trabajo disminuye proporcionalmente. Pero la realidad en empresas y oficinas de las Américas ha mostrado un escenario diferente. El tiempo previamente dedicado a tareas manuales se convirtió en “vacíos” rápidamente llenados por nuevas demandas.
Este es el llamado paradigma de la producción, como lo define Emerson Guimarães, coordinador de TI en el Hospital Beneficente Portugués de Pará. “Por cada hora liberada por la IA, surgen más solicitudes, demandas y entregas. El horario solo se adelgaza para ser rápidamente llenado por otros objetivos”, resume.
La IA no libera tiempo; redefine lo que hacemos con él.
Este ciclo es tan antiguo como las revoluciones tecnológicas mismas. Ruth Schwartz Cowan, historiadora de la tecnología, mostró en el siglo pasado el llamado “efecto rebote” o Paradoja de Jevons: los electrodomésticos, por ejemplo, demostraron que en lugar de facilitar la carga doméstica, elevaron los estándares de limpieza y exigieron más tareas. Con la inteligencia artificial, somos testigos de la repetición de este fenómeno, ahora en el contexto del trabajo remunerado y
